Guía · publicada en junio de 2026
Para el visitante, este sitio es una página con números que se mueven. Por dentro es una cadena de piezas pequeñas que se ejecuta cada pocos minutos, de principio a fin y sin intervención humana. Esta guía la recorre entera, para curiosos del dato y de la ingeniería de software.
Un proceso programado se despierta cada cinco minutos y consulta las fuentes: los feeds DATEX2 de la DGT (paneles e incidencias del tramo) y la API de rutas de TomTom, con una ruta por cada sentido del puente. Cada petición tiene reintentos con espera creciente y tolerancia a fallos: si una fuente no responde, se anota el fallo y se sigue con las demás. Qué fuentes son y por qué, en de dónde salen los datos.
Todo lo recogido se archiva en una base de datos local: cada mensaje de panel con su texto y pictograma, cada incidencia con su gravedad, cada lectura de velocidad con su sentido y su retardo. Guardar el histórico completo es lo que permite que existan el resumen semanal, el perfil por horas y la calibración del sistema. Una rutina de limpieza retira lo más antiguo para que la base no crezca sin límite.
Con los datos frescos, el motor calcula la puntuación de congestión: cada señal activa aporta su contribución ponderada y la suma se normaliza por el número de señales disponibles. De la puntuación sale el nivel (fluido, denso, retenciones, congestión fuerte) y, en paralelo, la estimación del carril reversible: la asimetría de velocidades entre sentidos, suavizada con una ventana de persistencia para que la predicción no baile con cada lectura ruidosa.
El sistema mantiene una media móvil exponencial por hora y día de la semana: su memoria de «lo normal». Contra ella se detectan anomalías y se construye el ranking de mejores y peores horas. Y cuando un usuario reporta desde la portada el estado real del reversible, ese reporte se guarda como verdad-terreno y sirve para medir el acierto real de la predicción. Esa validación nos ha enseñado, por ejemplo, que la señal de velocidad es fiable sobre todo cuando la diferencia entre sentidos supera los 5 km/h, y que ninguna señal aislada basta: por eso el resultado lleva siempre un nivel de confianza.
La web lee de la misma base de datos: el monitor en vivo consulta el último estado, y las páginas de datos (el resumen semanal, la prosa de la portada) se regeneran automáticamente con cifras recientes. No hay redacción manual de contenidos numéricos: si cambian los datos, cambia la página.
Tres principios guían el diseño: fuentes públicas (todo es reproducible), honestidad sobre la incertidumbre (mostramos confianza y limitaciones, no certezas que no tenemos) y preferencia por medir antes que suponer. Cuando una fuente oficial está rota —como los detectores de espiras del tramo— lo decimos y la apartamos. El detalle metodológico completo está en cómo medimos el tráfico.